[Fic] Tomorrow, by Yuna_Aoki
-Tranquila- su mano se posó sobre su cabeza en un gesto de ánimo, procurando infundirle valor. Su expresión era risueña.- No te preocupes.
Pero aunque lo repitiera una y mil veces más, ella no lograría serenarse.
Calma, tranquilidad, paz.
Palabras abstractas, lejanas, vacías. Una estupidez nombrarlas.
Abrió la boca para decir algo, afilando si lengua para disparar uno de sus mordaces comentarios. Quiso volver a elucubrar uno de sus dardos envenenados criticando la poca ética profesional de su Taicho, pero no lo consiguió. La voz se le extinguió antes de poder pronunciar una sola palabra.
Oh, maldición.
Nanao lo debería haber previsto. Quizá alguna vez contempló la remota posibilidad de que entre ella y su Taicho llegara a existir algo más que la correcta relación jefe-subordinada, pero jamás la tomó en serio.
Ella no era una irresponsable. Era fría, calculadora y se mantenía siempre impertérrita, como era su deber. Ella nunca se vería en esa crítica situación.
Ah, estúpida.
Casi tuvo ganas de reírse de sí misma cuando hace una semana se dio cuenta de que estaba besándolo.
Ella, la reina del autocontrol y la serenidad ¡Ella misma! Se había encontrado besando a un capitán. A su capitán.
Besando a su antítesis.
Desde entonces cada día había sido un martirio. Un contacto tan nimio como la presión de sus labios contra los de su capitán había desencadenado todo: ahora se pasaba el día esquivándole, intentando ignorar su sonrisa pícara y su mirada de complicidad.
Y ahora no había escapatoria.
Porque estaban solos, porque era tardísimo y porque iban hacia la misma dirección cruzando los jardines: sus dormitorios.
Por supuesto, cada uno al suyo.
Es que si no, eso sería ya lo que le faltaba.
Shunsui era un estúpido. Un estúpido como ella.
Le apartó con un empujón, del que él se rehizo casi al instante.
-¡Oh, Nanao-chan! ¡No seas tan fría conmigo! Anda, tienes las manos heladas.
Ella tenía mucho frío. Hacía frío. Era una noche fría y estaban al aire libre ¡Estaba helada, puñetas! Pero si lo decía estaba segura que Shunsui le gritaría algo como “¡Ven aquí, yo te daré calor!”
-Nanao, tiemblas. ¿No tendrás frío?- ¿“Ven aquí, yo te daré calor”?- ¡Ven aquí, Shunsui te dará calor!
Casi.
Puso los ojos en blanco, maldiciéndole a él y a lo acostumbrada que estaba ya a sus comentarios idiotas.
Recordaba cuándo había sido nombrada fukutaicho. Recordaba cómo se había llevado las manos a la cabeza al ver que su capitán estaba tumbado en el jardín bebiendo sake y flirteando con unas shinigamis en vez de trabajando.
Fue en ese momento cuando Nanao enarboló por primera vez su carpeta como si fuera una espada, y que desde entonces se convirtió en un movimiento automático.
Recordaba también haber resumido en dos palabras la primera impresión que Shunsui había causado en ella: un sinvergüenza.
¿Entonces por qué, joder? ¿Cómo había llegado a esa situación?
-Tranquila, todo irá bien- repitió Shunsui con un deje paternal de pronto, de volviendo a Nanao de golpe a la realidad, despertando a su mente de la momentánea desconexión.- Créeme. Todo va a ir bien.
Y en el momento en que vio su amplia sonrisa deseó tener esa fe. Esa certeza del que el futuro iba a ser bueno. Deseó creer a su capitán. Deseó hacerlo. Y lo intentó, como tantas otras veces.
Pero no lo hizo.
-Por favor, taicho- ella era mármol. Su voz, de hielo. Y su coraza, impenetrable- Creo conveniente que en todo momento haya al menos medio metro separándonos.
Shunsui ni parpadeó.
And I wanna believe you
When you tell me that it’ll be okay
Yeah, I try to believe you
But I don’t
Nanao tomó una bocanada de aire frío con dificultad, convencida de que debajo del agua respiraría mejor que en esos momentos. Nunca el trayecto hacia sus habitaciones se le había hecho tan eterno. Y encima ahora se paraban.
Genial.
Su mirada se afiló, volviéndose severa. Deseó que su aire sereno no flaqueara después de que el hombre abriera la boca. ¿Y si mencionaba lo cerca que se había acercado a él hacía unos días?
-¿“Crees conveniente”?- la teniente se preguntó cómo conseguía Shunsui que sus palabras sonaran tan serias sin haber borrado la sonrisa burlona de su rostro- ¡Qué estricta eres, Nanao! Bueno, me gustas más así.
Tsk.
“Por favor, que no me pida que le azote”, pensó Nanao mientras sus nudillos se volvían blancos por la presión con la que apretaba su omnipresente carpeta, luchando contra el esfuerzo de no estampárselo en la cara.
Sería capaz de pedírselo. Oh, sí.
Apretó el archivador que llevaba entre los brazos contra el pecho, como si se tratara de un salvavidas. Sus obligaciones eran su balsa en medio del océano. Si bajaba de ella, se ahogaría Y en ese momento estaba tambaleándose, se había agujereado, había tormenta, tsunamis de 20m y tiburones esperando a que saltara de su balsa. Un tiburón acechante, vestido con una horrenda manta rosa, un sombrero de paja y una botella de sake en la aleta.
Oh, Dios.
Se quitó las gafas, ahora empañadas por el vaho que provocaba su aliento. Lamentó que su imaginación fuera tan rápida como su velocidad para rellenar documentos.
Shunsui suspiró al ver que Nanao no parecía querer variar ni un ápice su expresión. Se pasó la mano por la barba de dos o tres días y volvió a sonreír. Nanao no correspondió al gesto.
-¿Por qué no estaba hoy por la mañana rellenando los archivos? Me había dicho que se presentaría.
La pregunta pilló a Shunsui desprevenido. Alzó una ceja extrañado pero en seguida recobró la compostura. A su expresión volvió el aire despreocupado y pacífico que le caracterizaba.
-¡Estaba en una reunión, Nanao!
“Vaya, ¿se te ha ocurrido a ti solo? Al menos hoy no me ha dicho nada de haber estado contemplando a una mujer hermosa. En fin, buen intento”
-Le vi en el jardín, tomando sake.
La última palabra la disparó. Al ver la pose melodramática de Shunsui casi se sintió cómoda en la incomodidad de nuevo.
Casi.
-Era la reunión del sake al aire libre- saltó automáticamente su capitán, al que nunca le había faltado agilidad mental- brindábamos por una mujer hermosa.
Y sacó una botellita de sake de vete-tú-a-saber-donde y la alzó hacia Nanao, en ademán de hacer un brindis, a lo que ella respondió girando la cabeza hacia otra dirección, haciendo gala de una frialdad glacial.
-Haga el favor de guardar eso, taicho.
Al ver el gesto y al oír la respuesta de Nanao a su halago, Shunsui se colocó en una exagerada posición teatral de agonía, que pretendía escenificar un apuñalamiento en el corazón. Muy exagerada.
Pero ahora no podía sentirse bien, porque ya nada sería igual.
Porque era muy evidente que, por muy gracioso que le pareciera a veces, no podía confiar en él.
No podía creer en su palabra, por mucho que lo intentara.
-Taicho.-Kyouraku abandonó su momento dramático al oír el tono de Nanao. Congestionado, grave, roto.- Creo que…se empieza a hacer tarde- estuvo a punto de mirarse la muñeca, buscando desesperada una excusa. Sin embargo se dio cuenta antes de que no llevaba reloj ese día- Necesito dormir… Hoy…ya no puedo más.
Hoy no más.
When you say that it’s gonna be
It always turns out to be a different way
I try to believe you
Not today, today, today, today, today
Shunsui sacó un reloj que llevaba dentro de la capa y lo miró brevemente. Al parecer la hora no le pareció suficientemente tarde, y por eso siguió en su línea.
-¿Qué pasa? Entonces tienes frío.
Shunsui se acercó a ella como un resorte y, sin que Nanao lo pudiera evitar, colocó su capa rosa sobre sus hombros. Ella despertó de su ensoñación demasiado tarde y como un resorte también, empezó:
-Con todos los respetos, taicho, no veo…
-Cállate, Nanao.- la orden la sorprendió. Por un instante creyó que se había enfadado por la reticencia de ella a todo lo que viniera de él.- Si me quieres respetar, no continues esa frase.
La teniente quedó clavada en el sitio por unos momentos, intentando procesar el significado de esa frase, pero antes de que pudiera acabar, él soltó:
-Además, ¡verte con mi precioso manto puesto es una de mis fantasías!
Nanao entrecerró los ojos, harta. Hoy no conseguiría llevar una conversación normal con él. Hoy no quería estar cerca.
No podía. No debía.
-No bromee.
-¡No son bromas!- repuso él enseguida- El rosa te favorece mucho más que el negro, aunque tú estás sexy con lo que te pongas.
-No me refería a eso.
La sonrisa de su jefe flaqueó un poco. En su rostro sólo quedó un esbozo de su perenne expresión.
Nanao miraba al suelo.
Sin mediar palabra se quitó la manta de Shunsui y la sostuvo en sus brazos, consciente de que si se la devolvía sería algo muy parecido a un rechazo. Después de contar cuántas baldosas de las que había en el suelo cabían en un metro cuadrado, tomo aire y se la tendió.
-Yo…no puedo. No sé.
A pesar de lo críptico de la frase, Shunsui no necesitó preguntar. Cogió su capa y se la echó al hombro sin mediar palabra.
-Te refieres a nuestra…
-…complicación, sí.
-¿Complicación?- Shunsui enarcó ambas cejas, burlón- Yo iba a decir relación.
Venga, Nanao, es el momento: desmáyate.
-Bueno, pues… relación.- a la fukutaicho le costó horrores pronunciar esa palabra- Aunque no la hay.
Nanao se abriría el vientre con una horquilla antes de reconocer que lo que había entre los dos era una “relación”.
Le pareció que Shunsui soltaría un “¿Ah, no?” sarcástico, pero se mantuvo callado y se echó a caminar de nuevo hacia su destino, instando con la mirada a que Nanao continuara hablando.
Pero ella no sabía qué decir. No sabía cómo se sentía.
No sabía qué podía contestar. No sabía qué sentir respecto a su capitán y lo más importante: no sabía cómo se sentiría a la mañana siguiente, después de haber intentado digerir la situación de nuevo.
No sabía nada.
Tan sólo quería –necesitaba- irse a su habitación, dormir, descansar, tirarse por una ventana.
Alejarse de él.
Hoy no podía decidir nada. Tenía que ser mañana.
-Mañana hablaremos, señor. Necesito descansar.
I don’t know how I’ll feel
Tomorrow
Tomorrow
I don’t know what to say
Tomorrow
Tomorrow
Tomorrow is a different day
-Vaya, Nanao, diría que me estás intentando alejar de ti.
”Oh, no, vaya, Einstein. ¡Pero qué profeta!”
Ya volvía a estar en pose dramática. Ese hombre cambiaba de cara y tono a una velocidad vertiginosa.
-Oh, mi Nanao-chan, ¡no intentes abrir un abismo entre los dos!
Argh.
Ella sí abriría un abismo entre los dos, pero para tirarle a él dentro, de cabeza.
Nanao habría podido responder por partes a esa frase, pero sólo hubo una cosa que le provocó un tic en el párpado.
-¿Cuántas veces le he dicho que no soy su Nanao-chan?
-Más de las que piensas y menos de las necesarias.
Dolor de cabeza. Migraña. Palpitaciones en la sien.
Maldición.
Kyouraku Shunsui siempre había sido el que se dedicaba a elegir por ella: elegía si hacer o no los archivos asignados a la división 8, elegía si el uniforme de Nanao tenía que ser convencional o tenía que incluir una falda que más bien parecía un cinturón (lo había intentado varias veces infructuosamente) y también elegía si matar a Nanao de una úlcera por el estrés o dejarla vivir hasta el siguiente día de administración. Él siempre había sido el que decidía cómo ponerla nerviosa con sus comentarios o cómo la tenía que adular para abrir fisuras en su coraza. Incluso cómo la iba a conquistar, usando tretas y frases pastelosas.
Pero esto no lo iba a elegir él. Esta vez era su elección la que importaba.
-Shunsui-taicho.- el aludido dio un brinco, esperanzado de que Nanao reconociera que ella era ‘su Nanao-chan’.- Haré lo que debo hacer.
Nanao pensó que lo marearía con tanto cambio de tema, pero de nuevo la máscara risueña de Shunsui se derritió y se deshizo para dar paso a una expresión seria y taimada.
-¿Y qué es lo que debes hacer, Nanao-fukutaicho?
-No hacerlo.
Simplemente no hacerlo.
It’s always been up to you
Let’s turn it around, it’s up to me
I’m gonna do what I have to do
Just don’t
-¿No hacerlo, Nanao?- su voz era un cóctel de incredulidad y diversión. También escepticismo.- ¿Esa es la solución que se le ocurre a la mujer más inteligente del Sereitei? Ay, a veces eres tan...
¿Inteligente? ¿Coherente? ¿Normal? ¿Poseedora de un mínimo de sentido común?
-...¡mona!
Ise suspiró. ¿Acaso él no lo entendía? ¿No veía que los cimientos de su entendimiento que con tanto esmero había construido se estaban desestabilizando con todo lo que le estaba pasando? Absolutamente todas sus creencias se estaban desmoronando bajo el peso de un capitán hippie, mujeriego y bribón.
Y brillante e inteligente.
Pero eso no quitaba lo más importante: un capitán. Superior al mando. Jefe.
De repente su mente empezó a evocar recuerdos de sí misma haciendo gala de una correcta ética profesional: ¡la de veces que había desaprobado el profundo escote de Rangiku y la manera de tratar a su Taicho! Recordaba haberla reñido alguna vez por ello.
Y eso que Rangiku nunca había besado a Hitsugaya-taicho.
Al menos que ella supiera.
Ise Nanao se había convertido en el arquetipo de persona que ella detestaba: estúpida, imprudente y poco rigurosa.
Y encima, trepa.
Para él era muy fácil, claro. ¿A él que más le daba romper una regla más o una menos? No pasaría nada si un día se presentaba en el despacho de Yamamoto contándole algo como "Oh, hoy me he saltado la hora destinada a rellenar informes acabando con el abastecimiento de sake de las bodegas. ¡Anda, se me olvidaba! También he ayudado a los ryokas, me he llevado a Ukitake de marcha cuando debía descansar y le he hecho beber aunque sabía que se estaba medicando. Creo que le ha dado un chungo. ¿Algo más? Sí, bueno, me he enrollado con mi teniente y hemos decidido formalizar nuestra relación. Una chorrada, vamos, si tenemos en cuenta los 5 shinigamis rasos de la división 1 que por mi culpa están ingresados en la 4 por coma etílico."
Y Yamamoto se quedaría tan tranquilo.
Pero ella no podía permitirse eso. Su cabeza no se lo permitía. No podía digerir la idea así porque sí. No era impulsiva y no se lo iba a jugar todo a una carta o a una pasión pasajera.
A pesar de que esa pasión fuese amor.
Su mente tenía que analizar pros y contras, y para eso necesitaba el tiempo que Shunsui no parecía dispuesto a darle. Aunque sólo fueran 5 minutos de tregua. Unos momentos en los que no se girara hacía la ventana y le viera a él tendido sobre el césped saludándola con el movimiento vigoroso de una botella de sake.
Sólo un momento. Y para que él le diera un respiro tendría que pedirle una noche entera.
-Por favor, capitán, de verdad: mañana hablaremos sobre ello.
Give me a little time
Leave me alone a little while
Maybe it’s not too late
Not today, today, today, today, today
-Ay, mi Nanao-chan, tu indecisión me parte el corazón.
Si su coración se partía o no, no tenía intención de preguntárselo, porque tenía otra cuestión que exponer.
-Taicho, como no me deje de llamar 'su Nanao-chan' yo...
Sin embargo Nanao se quedó sin poder decir lo que iba a hacer al respecto cuando una boca ajena aprisionó la suya y la dejó incapacitada para hablar. Una mano de deslizó por su cintura, intentando mantenerla agarrada a pesar de que ya aguantaba como una tenaza una botella de sake. Las gafas de Nanao se deslizaron por el puente de su nariz y cayeron al suelo, sobre la hierba del jardín.
Yin acababa de besar a Yan.
I don’t know how I’ll feel
Tomorrow
Tomorrow
I don’t know what to say
Tomorrow
Tomorrow is a different day
Porrazo:
1- Golpe dado con una porra o con cualquier objeto duro.
2- Golpe fuerte, en especial el que se recibe al caer o al chocar contra un cuerpo duro.
Tortazo:
1- Golpe dado en la cara con la palma de la mano.
2- Golpe, choque o caída, en especial si son violentos o accidentales.
Carpetazo:
1- Golpe violento dado con una carpeta.
2- Movimiento automático de autodefensa contra un taicho tocanarices patentado por Ise Nanao. Por y para su disfrute.
La carpeta se estampó en la cara de Shunsui, tirando al suelo su enorme sombrero de paja. Él la soltó del agarre a la que la tenía sometida por la cintura, pero Nanao mantuvo el brazo estirado con la carpeta pegada a la frente de su capitán, jadeando de la impresión. Los colores le habían subido a las mejillas.
La boca le sabía a sake.
Ahora no sólo estaba indecisa, nerviosa y asustada, si no también furiosa. Y además, desorientada. Veía algo borroso.
-¿Cómo te has atrevido?- la voz le temblaba de rabia y hablaba apretando los dientes. Estaba tan enfadada que por un momento olvidó el tratamiento de usted. Por suerte no había nadie cerca.- ¿Qué se ha creído? ¡Míreme y dígamelo a la cara!
-Si ya me gustaría, Nanao- oyó decir a Shunsui con la voz apagada.- Verte siempre es un placer, pero…
Fue entonces cuando se dio cuenta de que aún mantenía la carpeta pegada a la cara de su taicho, y por lo tanto mirar otra cosa que no fuera el color de las tapas del archivador era tarea imposible. Algo azorada pero sin vestigio de arrepentimiento la apartó para que pudiera hablar, apretando la carpeta contra su pecho para disimular la tentación de volverle a pegar un carpetazo.
La cara de Shunsui estaba roja por el impacto pero su expresión era radiante. Sin embargo cuando Nanao lo miró, de sus ojos pugnaban por salir gruesos lagrimones.
Sí, hombre, pucheritos aquí: lo que le fataba a la pobre mujer.
Shunsui se agachó para recoger su sobrero y de paso cogió las gafas de Nanao del suelo. Cuando se las tendió ella se las arrebató con un movimiento brusco.
-Es que tú lo sabes, estás tan atractiva cuando te irritas que no lo he podido evitar- cerró los ojos y puso morritos, para parecer mucho más inocente de lo que en realidad era- Además, he pensado en robarte hoy un beso, puesto que tú hiciste lo mismo la semana pasada.
Sí, y ese beso se había convertido en su cruz.
Su cara se ensombreció de nuevo y todo el color se esfumó de sus mejillas. Si no hubiera sido por ese beso viviría tranquila, enamorada en secreto de su capitán, y se pasaría el día esquivando sus halagos o lamentaciones desde una habitación de cristal, sin intervenir ni inmiscuirse.
-Argh.
Necesitaba una jornada de reflexión, tiempo para pensar en todo y sopesar sus circunstancias. No estaba preparada para que él se lanzara sobre ella y la besara. No lo estaba para mantener con él una incorrecta relación extraoficial. Un aluvión de recuerdos se abalanzó sobre ella, con el desencadenante del beso que Shunsui le acababa de dar.
Su cabeza era literalmente un campo de guerra, donde más de dos bandos si disputaban el control de su voluntad.
-Iré a mi habitación.-le espetó, sintiéndose como un disco rayado. Sin embargo no fue un comentario; fue una declaración de principios.- Ahora.
Y apretó el paso, apuntándose como nota mental el trasladar sus habitaciones a un lugar más cercano a los despachos ¡Era indignante que los propios mandatarios de la división tuvieran que hacer una peregrinación a la Meca ida y vuelta para llegar a sus habitaciones!
Odiaba los trayectos largos...
-¡Pues yo te acompaño, Nanao-chan!
...aunque no tanto como el hecho de tener a su taicho pegado a la espalda.
¡Necesitaba separarse de él! ¡No verle! ¿Acaso no lo entendía? ¡Mañana! ¡No es difícil de recordar! ¡Ya hablarían mañana! Shunsui se le acercó en ademán de pasarle el brazo por los hombros pero ella le apartó enseguida.
-¡No me toque!- quería que la tocara, pero no se sentía preparada. Nunca se sentiría preparada.- Medio metro, taicho. ¡Medio metro!- dijo, midiendo la distancia entre los dos cuerpos con el brazo -Ya hablaremos mañana. Estoy muy...- confusa, indecisa, nerviosa, ¡histérica!-...cansada.
Él se mostró insensible ante cansancio de Nanao.
-¿Qué diferencia hay? Hablar hoy o hablar mañana.
-Que mañana será otro día, capitán- le dijo, con una mirada glacial.- Y yo necesito que sea otro día para estar con usted.
"Porque mis ideales han trastabillado y se han dado de bruces contra un barril de sake de las bodegas de la división. Porque usted me merma"
-Mañana será otro día.
Hey, yeah, yeah
And I know I’m not ready
Hey, yeah, yeah
Maybe tomorrow
Hey, yeah, yeah
I’m not ready
Hey, yeah, yeah
Maybe tomorrow
“Mañana será otro día” se obligó a repetirse como un mantra.
-Buenas noches, capitán.
Shunsui agitó la mano vagamente como despedida, sin embargo no se movió de la puerta de la habitación de Nanao, a la que se había empeñado a acompañarla. Pero ella estaba ocupada dándole vueltas a otro asunto. Kyouraku no mostraba ningún rastro de decepción, tristeza o abatimiento. ¿Por qué si le acababa de rechazar, se mantenía risueño y despreocupado? Su alegría era innata, inamovible.
Pero ya la podría abandonar en un momento tan delicado, joder.
Se había pasado toda la noche entreteniéndola, aún sabiendo que ella no estaba dispuesta a hablar. Se comportaba como si el rechazo no estuviera dirigido a él, si no a su sombrero. Como si todo tan sólo fuera una broma o un capricho de una niña que ahora mismo iba a recapacitar.
Mañana, mañana, mañana.
Ella hablaba en serio. Que él no se lo creyera era ya el acabose.
And I wanna believe you
When you tell me that it’ll be okay
Chascó la lengua con desaprobación, irritada y miró a los ojos a Shunsui durante un buen rato. Los párpados semicerrados no podían tapar del todo sus chispeantes pupilas, que brillaban pícaramente.
Nanao reprimiró un escalofrío.
¿Pero por qué no se largaba ya?
Yeah, I try to believe you
De pronto su capitán rompió el contacto visual que mantenía con su subordinada dirigiendo sus ojos hacia el reloj que había en la pared del pasillo. La chica de las gafas le imitó, extrañada.
Y cuando vio la posición de las agujas, lo comprendió tofo.
Tuvo ganas de abrirse las venas a mordiscos cuando supo la razón por la que Shunsui no había perdido el temple ni la sangre fría.
Oh, maldito, maldito, maldito.
Un reloj lejano dio las 12.
Su coraza se resquebrajó. Los pilares que sostenían su sentido común se desmoronaron como piezas de dominó. Quiso reír. Reírse de sí misma y de lo ingenua que había sido esa noche. Se quiso reír de él. De su testarudez, de su confianza en sí mismo y de sus tretas para conquistarla. En cualquier momento se echaría a reír. Histéricamente.
Ese hombre podía con ella.
-Ya es mañana.- le informó Shunsui, sonriendo.
Not today, today, today, today, today
Argh, maldito, puñetero, retorcido, sátiro, vago, imaginativo, inteligente, brillante.
Te odio, Shunsui. No me dejas escapatoria.
-¿Quiere pasar, taicho?
Tomorrow it may change
Tomorrow it may change
Tomorrow it may change
-Por supuesto, mi Nanao-chan.
Esta vez no se molestó en corregirle. Ya se preocuparía por eso mañana.
Ya lo haría mañana.
Carpe diem.
Tomorrow it may change
Pero aunque lo repitiera una y mil veces más, ella no lograría serenarse.
Calma, tranquilidad, paz.
Palabras abstractas, lejanas, vacías. Una estupidez nombrarlas.
Abrió la boca para decir algo, afilando si lengua para disparar uno de sus mordaces comentarios. Quiso volver a elucubrar uno de sus dardos envenenados criticando la poca ética profesional de su Taicho, pero no lo consiguió. La voz se le extinguió antes de poder pronunciar una sola palabra.
Oh, maldición.
Nanao lo debería haber previsto. Quizá alguna vez contempló la remota posibilidad de que entre ella y su Taicho llegara a existir algo más que la correcta relación jefe-subordinada, pero jamás la tomó en serio.
Ella no era una irresponsable. Era fría, calculadora y se mantenía siempre impertérrita, como era su deber. Ella nunca se vería en esa crítica situación.
Ah, estúpida.
Casi tuvo ganas de reírse de sí misma cuando hace una semana se dio cuenta de que estaba besándolo.
Ella, la reina del autocontrol y la serenidad ¡Ella misma! Se había encontrado besando a un capitán. A su capitán.
Besando a su antítesis.
Desde entonces cada día había sido un martirio. Un contacto tan nimio como la presión de sus labios contra los de su capitán había desencadenado todo: ahora se pasaba el día esquivándole, intentando ignorar su sonrisa pícara y su mirada de complicidad.
Y ahora no había escapatoria.
Porque estaban solos, porque era tardísimo y porque iban hacia la misma dirección cruzando los jardines: sus dormitorios.
Por supuesto, cada uno al suyo.
Es que si no, eso sería ya lo que le faltaba.
Shunsui era un estúpido. Un estúpido como ella.
Le apartó con un empujón, del que él se rehizo casi al instante.
-¡Oh, Nanao-chan! ¡No seas tan fría conmigo! Anda, tienes las manos heladas.
Ella tenía mucho frío. Hacía frío. Era una noche fría y estaban al aire libre ¡Estaba helada, puñetas! Pero si lo decía estaba segura que Shunsui le gritaría algo como “¡Ven aquí, yo te daré calor!”
-Nanao, tiemblas. ¿No tendrás frío?- ¿“Ven aquí, yo te daré calor”?- ¡Ven aquí, Shunsui te dará calor!
Casi.
Puso los ojos en blanco, maldiciéndole a él y a lo acostumbrada que estaba ya a sus comentarios idiotas.
Recordaba cuándo había sido nombrada fukutaicho. Recordaba cómo se había llevado las manos a la cabeza al ver que su capitán estaba tumbado en el jardín bebiendo sake y flirteando con unas shinigamis en vez de trabajando.
Fue en ese momento cuando Nanao enarboló por primera vez su carpeta como si fuera una espada, y que desde entonces se convirtió en un movimiento automático.
Recordaba también haber resumido en dos palabras la primera impresión que Shunsui había causado en ella: un sinvergüenza.
¿Entonces por qué, joder? ¿Cómo había llegado a esa situación?
-Tranquila, todo irá bien- repitió Shunsui con un deje paternal de pronto, de volviendo a Nanao de golpe a la realidad, despertando a su mente de la momentánea desconexión.- Créeme. Todo va a ir bien.
Y en el momento en que vio su amplia sonrisa deseó tener esa fe. Esa certeza del que el futuro iba a ser bueno. Deseó creer a su capitán. Deseó hacerlo. Y lo intentó, como tantas otras veces.
Pero no lo hizo.
-Por favor, taicho- ella era mármol. Su voz, de hielo. Y su coraza, impenetrable- Creo conveniente que en todo momento haya al menos medio metro separándonos.
Shunsui ni parpadeó.
And I wanna believe you
When you tell me that it’ll be okay
Yeah, I try to believe you
But I don’t
Nanao tomó una bocanada de aire frío con dificultad, convencida de que debajo del agua respiraría mejor que en esos momentos. Nunca el trayecto hacia sus habitaciones se le había hecho tan eterno. Y encima ahora se paraban.
Genial.
Su mirada se afiló, volviéndose severa. Deseó que su aire sereno no flaqueara después de que el hombre abriera la boca. ¿Y si mencionaba lo cerca que se había acercado a él hacía unos días?
-¿“Crees conveniente”?- la teniente se preguntó cómo conseguía Shunsui que sus palabras sonaran tan serias sin haber borrado la sonrisa burlona de su rostro- ¡Qué estricta eres, Nanao! Bueno, me gustas más así.
Tsk.
“Por favor, que no me pida que le azote”, pensó Nanao mientras sus nudillos se volvían blancos por la presión con la que apretaba su omnipresente carpeta, luchando contra el esfuerzo de no estampárselo en la cara.
Sería capaz de pedírselo. Oh, sí.
Apretó el archivador que llevaba entre los brazos contra el pecho, como si se tratara de un salvavidas. Sus obligaciones eran su balsa en medio del océano. Si bajaba de ella, se ahogaría Y en ese momento estaba tambaleándose, se había agujereado, había tormenta, tsunamis de 20m y tiburones esperando a que saltara de su balsa. Un tiburón acechante, vestido con una horrenda manta rosa, un sombrero de paja y una botella de sake en la aleta.
Oh, Dios.
Se quitó las gafas, ahora empañadas por el vaho que provocaba su aliento. Lamentó que su imaginación fuera tan rápida como su velocidad para rellenar documentos.
Shunsui suspiró al ver que Nanao no parecía querer variar ni un ápice su expresión. Se pasó la mano por la barba de dos o tres días y volvió a sonreír. Nanao no correspondió al gesto.
-¿Por qué no estaba hoy por la mañana rellenando los archivos? Me había dicho que se presentaría.
La pregunta pilló a Shunsui desprevenido. Alzó una ceja extrañado pero en seguida recobró la compostura. A su expresión volvió el aire despreocupado y pacífico que le caracterizaba.
-¡Estaba en una reunión, Nanao!
“Vaya, ¿se te ha ocurrido a ti solo? Al menos hoy no me ha dicho nada de haber estado contemplando a una mujer hermosa. En fin, buen intento”
-Le vi en el jardín, tomando sake.
La última palabra la disparó. Al ver la pose melodramática de Shunsui casi se sintió cómoda en la incomodidad de nuevo.
Casi.
-Era la reunión del sake al aire libre- saltó automáticamente su capitán, al que nunca le había faltado agilidad mental- brindábamos por una mujer hermosa.
Y sacó una botellita de sake de vete-tú-a-saber-donde y la alzó hacia Nanao, en ademán de hacer un brindis, a lo que ella respondió girando la cabeza hacia otra dirección, haciendo gala de una frialdad glacial.
-Haga el favor de guardar eso, taicho.
Al ver el gesto y al oír la respuesta de Nanao a su halago, Shunsui se colocó en una exagerada posición teatral de agonía, que pretendía escenificar un apuñalamiento en el corazón. Muy exagerada.
Pero ahora no podía sentirse bien, porque ya nada sería igual.
Porque era muy evidente que, por muy gracioso que le pareciera a veces, no podía confiar en él.
No podía creer en su palabra, por mucho que lo intentara.
-Taicho.-Kyouraku abandonó su momento dramático al oír el tono de Nanao. Congestionado, grave, roto.- Creo que…se empieza a hacer tarde- estuvo a punto de mirarse la muñeca, buscando desesperada una excusa. Sin embargo se dio cuenta antes de que no llevaba reloj ese día- Necesito dormir… Hoy…ya no puedo más.
Hoy no más.
When you say that it’s gonna be
It always turns out to be a different way
I try to believe you
Not today, today, today, today, today
Shunsui sacó un reloj que llevaba dentro de la capa y lo miró brevemente. Al parecer la hora no le pareció suficientemente tarde, y por eso siguió en su línea.
-¿Qué pasa? Entonces tienes frío.
Shunsui se acercó a ella como un resorte y, sin que Nanao lo pudiera evitar, colocó su capa rosa sobre sus hombros. Ella despertó de su ensoñación demasiado tarde y como un resorte también, empezó:
-Con todos los respetos, taicho, no veo…
-Cállate, Nanao.- la orden la sorprendió. Por un instante creyó que se había enfadado por la reticencia de ella a todo lo que viniera de él.- Si me quieres respetar, no continues esa frase.
La teniente quedó clavada en el sitio por unos momentos, intentando procesar el significado de esa frase, pero antes de que pudiera acabar, él soltó:
-Además, ¡verte con mi precioso manto puesto es una de mis fantasías!
Nanao entrecerró los ojos, harta. Hoy no conseguiría llevar una conversación normal con él. Hoy no quería estar cerca.
No podía. No debía.
-No bromee.
-¡No son bromas!- repuso él enseguida- El rosa te favorece mucho más que el negro, aunque tú estás sexy con lo que te pongas.
-No me refería a eso.
La sonrisa de su jefe flaqueó un poco. En su rostro sólo quedó un esbozo de su perenne expresión.
Nanao miraba al suelo.
Sin mediar palabra se quitó la manta de Shunsui y la sostuvo en sus brazos, consciente de que si se la devolvía sería algo muy parecido a un rechazo. Después de contar cuántas baldosas de las que había en el suelo cabían en un metro cuadrado, tomo aire y se la tendió.
-Yo…no puedo. No sé.
A pesar de lo críptico de la frase, Shunsui no necesitó preguntar. Cogió su capa y se la echó al hombro sin mediar palabra.
-Te refieres a nuestra…
-…complicación, sí.
-¿Complicación?- Shunsui enarcó ambas cejas, burlón- Yo iba a decir relación.
Venga, Nanao, es el momento: desmáyate.
-Bueno, pues… relación.- a la fukutaicho le costó horrores pronunciar esa palabra- Aunque no la hay.
Nanao se abriría el vientre con una horquilla antes de reconocer que lo que había entre los dos era una “relación”.
Le pareció que Shunsui soltaría un “¿Ah, no?” sarcástico, pero se mantuvo callado y se echó a caminar de nuevo hacia su destino, instando con la mirada a que Nanao continuara hablando.
Pero ella no sabía qué decir. No sabía cómo se sentía.
No sabía qué podía contestar. No sabía qué sentir respecto a su capitán y lo más importante: no sabía cómo se sentiría a la mañana siguiente, después de haber intentado digerir la situación de nuevo.
No sabía nada.
Tan sólo quería –necesitaba- irse a su habitación, dormir, descansar, tirarse por una ventana.
Alejarse de él.
Hoy no podía decidir nada. Tenía que ser mañana.
-Mañana hablaremos, señor. Necesito descansar.
I don’t know how I’ll feel
Tomorrow
Tomorrow
I don’t know what to say
Tomorrow
Tomorrow
Tomorrow is a different day
-Vaya, Nanao, diría que me estás intentando alejar de ti.
”Oh, no, vaya, Einstein. ¡Pero qué profeta!”
Ya volvía a estar en pose dramática. Ese hombre cambiaba de cara y tono a una velocidad vertiginosa.
-Oh, mi Nanao-chan, ¡no intentes abrir un abismo entre los dos!
Argh.
Ella sí abriría un abismo entre los dos, pero para tirarle a él dentro, de cabeza.
Nanao habría podido responder por partes a esa frase, pero sólo hubo una cosa que le provocó un tic en el párpado.
-¿Cuántas veces le he dicho que no soy su Nanao-chan?
-Más de las que piensas y menos de las necesarias.
Dolor de cabeza. Migraña. Palpitaciones en la sien.
Maldición.
Kyouraku Shunsui siempre había sido el que se dedicaba a elegir por ella: elegía si hacer o no los archivos asignados a la división 8, elegía si el uniforme de Nanao tenía que ser convencional o tenía que incluir una falda que más bien parecía un cinturón (lo había intentado varias veces infructuosamente) y también elegía si matar a Nanao de una úlcera por el estrés o dejarla vivir hasta el siguiente día de administración. Él siempre había sido el que decidía cómo ponerla nerviosa con sus comentarios o cómo la tenía que adular para abrir fisuras en su coraza. Incluso cómo la iba a conquistar, usando tretas y frases pastelosas.
Pero esto no lo iba a elegir él. Esta vez era su elección la que importaba.
-Shunsui-taicho.- el aludido dio un brinco, esperanzado de que Nanao reconociera que ella era ‘su Nanao-chan’.- Haré lo que debo hacer.
Nanao pensó que lo marearía con tanto cambio de tema, pero de nuevo la máscara risueña de Shunsui se derritió y se deshizo para dar paso a una expresión seria y taimada.
-¿Y qué es lo que debes hacer, Nanao-fukutaicho?
-No hacerlo.
Simplemente no hacerlo.
It’s always been up to you
Let’s turn it around, it’s up to me
I’m gonna do what I have to do
Just don’t
-¿No hacerlo, Nanao?- su voz era un cóctel de incredulidad y diversión. También escepticismo.- ¿Esa es la solución que se le ocurre a la mujer más inteligente del Sereitei? Ay, a veces eres tan...
¿Inteligente? ¿Coherente? ¿Normal? ¿Poseedora de un mínimo de sentido común?
-...¡mona!
Ise suspiró. ¿Acaso él no lo entendía? ¿No veía que los cimientos de su entendimiento que con tanto esmero había construido se estaban desestabilizando con todo lo que le estaba pasando? Absolutamente todas sus creencias se estaban desmoronando bajo el peso de un capitán hippie, mujeriego y bribón.
Y brillante e inteligente.
Pero eso no quitaba lo más importante: un capitán. Superior al mando. Jefe.
De repente su mente empezó a evocar recuerdos de sí misma haciendo gala de una correcta ética profesional: ¡la de veces que había desaprobado el profundo escote de Rangiku y la manera de tratar a su Taicho! Recordaba haberla reñido alguna vez por ello.
Y eso que Rangiku nunca había besado a Hitsugaya-taicho.
Al menos que ella supiera.
Ise Nanao se había convertido en el arquetipo de persona que ella detestaba: estúpida, imprudente y poco rigurosa.
Y encima, trepa.
Para él era muy fácil, claro. ¿A él que más le daba romper una regla más o una menos? No pasaría nada si un día se presentaba en el despacho de Yamamoto contándole algo como "Oh, hoy me he saltado la hora destinada a rellenar informes acabando con el abastecimiento de sake de las bodegas. ¡Anda, se me olvidaba! También he ayudado a los ryokas, me he llevado a Ukitake de marcha cuando debía descansar y le he hecho beber aunque sabía que se estaba medicando. Creo que le ha dado un chungo. ¿Algo más? Sí, bueno, me he enrollado con mi teniente y hemos decidido formalizar nuestra relación. Una chorrada, vamos, si tenemos en cuenta los 5 shinigamis rasos de la división 1 que por mi culpa están ingresados en la 4 por coma etílico."
Y Yamamoto se quedaría tan tranquilo.
Pero ella no podía permitirse eso. Su cabeza no se lo permitía. No podía digerir la idea así porque sí. No era impulsiva y no se lo iba a jugar todo a una carta o a una pasión pasajera.
A pesar de que esa pasión fuese amor.
Su mente tenía que analizar pros y contras, y para eso necesitaba el tiempo que Shunsui no parecía dispuesto a darle. Aunque sólo fueran 5 minutos de tregua. Unos momentos en los que no se girara hacía la ventana y le viera a él tendido sobre el césped saludándola con el movimiento vigoroso de una botella de sake.
Sólo un momento. Y para que él le diera un respiro tendría que pedirle una noche entera.
-Por favor, capitán, de verdad: mañana hablaremos sobre ello.
Give me a little time
Leave me alone a little while
Maybe it’s not too late
Not today, today, today, today, today
-Ay, mi Nanao-chan, tu indecisión me parte el corazón.
Si su coración se partía o no, no tenía intención de preguntárselo, porque tenía otra cuestión que exponer.
-Taicho, como no me deje de llamar 'su Nanao-chan' yo...
Sin embargo Nanao se quedó sin poder decir lo que iba a hacer al respecto cuando una boca ajena aprisionó la suya y la dejó incapacitada para hablar. Una mano de deslizó por su cintura, intentando mantenerla agarrada a pesar de que ya aguantaba como una tenaza una botella de sake. Las gafas de Nanao se deslizaron por el puente de su nariz y cayeron al suelo, sobre la hierba del jardín.
Yin acababa de besar a Yan.
I don’t know how I’ll feel
Tomorrow
Tomorrow
I don’t know what to say
Tomorrow
Tomorrow is a different day
Porrazo:
1- Golpe dado con una porra o con cualquier objeto duro.
2- Golpe fuerte, en especial el que se recibe al caer o al chocar contra un cuerpo duro.
Tortazo:
1- Golpe dado en la cara con la palma de la mano.
2- Golpe, choque o caída, en especial si son violentos o accidentales.
Carpetazo:
1- Golpe violento dado con una carpeta.
2- Movimiento automático de autodefensa contra un taicho tocanarices patentado por Ise Nanao. Por y para su disfrute.
La carpeta se estampó en la cara de Shunsui, tirando al suelo su enorme sombrero de paja. Él la soltó del agarre a la que la tenía sometida por la cintura, pero Nanao mantuvo el brazo estirado con la carpeta pegada a la frente de su capitán, jadeando de la impresión. Los colores le habían subido a las mejillas.
La boca le sabía a sake.
Ahora no sólo estaba indecisa, nerviosa y asustada, si no también furiosa. Y además, desorientada. Veía algo borroso.
-¿Cómo te has atrevido?- la voz le temblaba de rabia y hablaba apretando los dientes. Estaba tan enfadada que por un momento olvidó el tratamiento de usted. Por suerte no había nadie cerca.- ¿Qué se ha creído? ¡Míreme y dígamelo a la cara!
-Si ya me gustaría, Nanao- oyó decir a Shunsui con la voz apagada.- Verte siempre es un placer, pero…
Fue entonces cuando se dio cuenta de que aún mantenía la carpeta pegada a la cara de su taicho, y por lo tanto mirar otra cosa que no fuera el color de las tapas del archivador era tarea imposible. Algo azorada pero sin vestigio de arrepentimiento la apartó para que pudiera hablar, apretando la carpeta contra su pecho para disimular la tentación de volverle a pegar un carpetazo.
La cara de Shunsui estaba roja por el impacto pero su expresión era radiante. Sin embargo cuando Nanao lo miró, de sus ojos pugnaban por salir gruesos lagrimones.
Sí, hombre, pucheritos aquí: lo que le fataba a la pobre mujer.
Shunsui se agachó para recoger su sobrero y de paso cogió las gafas de Nanao del suelo. Cuando se las tendió ella se las arrebató con un movimiento brusco.
-Es que tú lo sabes, estás tan atractiva cuando te irritas que no lo he podido evitar- cerró los ojos y puso morritos, para parecer mucho más inocente de lo que en realidad era- Además, he pensado en robarte hoy un beso, puesto que tú hiciste lo mismo la semana pasada.
Sí, y ese beso se había convertido en su cruz.
Su cara se ensombreció de nuevo y todo el color se esfumó de sus mejillas. Si no hubiera sido por ese beso viviría tranquila, enamorada en secreto de su capitán, y se pasaría el día esquivando sus halagos o lamentaciones desde una habitación de cristal, sin intervenir ni inmiscuirse.
-Argh.
Necesitaba una jornada de reflexión, tiempo para pensar en todo y sopesar sus circunstancias. No estaba preparada para que él se lanzara sobre ella y la besara. No lo estaba para mantener con él una incorrecta relación extraoficial. Un aluvión de recuerdos se abalanzó sobre ella, con el desencadenante del beso que Shunsui le acababa de dar.
Su cabeza era literalmente un campo de guerra, donde más de dos bandos si disputaban el control de su voluntad.
-Iré a mi habitación.-le espetó, sintiéndose como un disco rayado. Sin embargo no fue un comentario; fue una declaración de principios.- Ahora.
Y apretó el paso, apuntándose como nota mental el trasladar sus habitaciones a un lugar más cercano a los despachos ¡Era indignante que los propios mandatarios de la división tuvieran que hacer una peregrinación a la Meca ida y vuelta para llegar a sus habitaciones!
Odiaba los trayectos largos...
-¡Pues yo te acompaño, Nanao-chan!
...aunque no tanto como el hecho de tener a su taicho pegado a la espalda.
¡Necesitaba separarse de él! ¡No verle! ¿Acaso no lo entendía? ¡Mañana! ¡No es difícil de recordar! ¡Ya hablarían mañana! Shunsui se le acercó en ademán de pasarle el brazo por los hombros pero ella le apartó enseguida.
-¡No me toque!- quería que la tocara, pero no se sentía preparada. Nunca se sentiría preparada.- Medio metro, taicho. ¡Medio metro!- dijo, midiendo la distancia entre los dos cuerpos con el brazo -Ya hablaremos mañana. Estoy muy...- confusa, indecisa, nerviosa, ¡histérica!-...cansada.
Él se mostró insensible ante cansancio de Nanao.
-¿Qué diferencia hay? Hablar hoy o hablar mañana.
-Que mañana será otro día, capitán- le dijo, con una mirada glacial.- Y yo necesito que sea otro día para estar con usted.
"Porque mis ideales han trastabillado y se han dado de bruces contra un barril de sake de las bodegas de la división. Porque usted me merma"
-Mañana será otro día.
Hey, yeah, yeah
And I know I’m not ready
Hey, yeah, yeah
Maybe tomorrow
Hey, yeah, yeah
I’m not ready
Hey, yeah, yeah
Maybe tomorrow
“Mañana será otro día” se obligó a repetirse como un mantra.
-Buenas noches, capitán.
Shunsui agitó la mano vagamente como despedida, sin embargo no se movió de la puerta de la habitación de Nanao, a la que se había empeñado a acompañarla. Pero ella estaba ocupada dándole vueltas a otro asunto. Kyouraku no mostraba ningún rastro de decepción, tristeza o abatimiento. ¿Por qué si le acababa de rechazar, se mantenía risueño y despreocupado? Su alegría era innata, inamovible.
Pero ya la podría abandonar en un momento tan delicado, joder.
Se había pasado toda la noche entreteniéndola, aún sabiendo que ella no estaba dispuesta a hablar. Se comportaba como si el rechazo no estuviera dirigido a él, si no a su sombrero. Como si todo tan sólo fuera una broma o un capricho de una niña que ahora mismo iba a recapacitar.
Mañana, mañana, mañana.
Ella hablaba en serio. Que él no se lo creyera era ya el acabose.
And I wanna believe you
When you tell me that it’ll be okay
Chascó la lengua con desaprobación, irritada y miró a los ojos a Shunsui durante un buen rato. Los párpados semicerrados no podían tapar del todo sus chispeantes pupilas, que brillaban pícaramente.
Nanao reprimiró un escalofrío.
¿Pero por qué no se largaba ya?
Yeah, I try to believe you
De pronto su capitán rompió el contacto visual que mantenía con su subordinada dirigiendo sus ojos hacia el reloj que había en la pared del pasillo. La chica de las gafas le imitó, extrañada.
Y cuando vio la posición de las agujas, lo comprendió tofo.
Tuvo ganas de abrirse las venas a mordiscos cuando supo la razón por la que Shunsui no había perdido el temple ni la sangre fría.
Oh, maldito, maldito, maldito.
Un reloj lejano dio las 12.
Su coraza se resquebrajó. Los pilares que sostenían su sentido común se desmoronaron como piezas de dominó. Quiso reír. Reírse de sí misma y de lo ingenua que había sido esa noche. Se quiso reír de él. De su testarudez, de su confianza en sí mismo y de sus tretas para conquistarla. En cualquier momento se echaría a reír. Histéricamente.
Ese hombre podía con ella.
-Ya es mañana.- le informó Shunsui, sonriendo.
Not today, today, today, today, today
Argh, maldito, puñetero, retorcido, sátiro, vago, imaginativo, inteligente, brillante.
Te odio, Shunsui. No me dejas escapatoria.
-¿Quiere pasar, taicho?
Tomorrow it may change
Tomorrow it may change
Tomorrow it may change
-Por supuesto, mi Nanao-chan.
Esta vez no se molestó en corregirle. Ya se preocuparía por eso mañana.
Ya lo haría mañana.
Carpe diem.
Tomorrow it may change
