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Sep. 7th, 2006

[Fic] Tomorrow, by Yuna_Aoki

-Tranquila- su mano se posó sobre su cabeza en un gesto de ánimo, procurando infundirle valor. Su expresión era risueña.- No te preocupes.

Pero aunque lo repitiera una y mil veces más, ella no lograría serenarse.

Calma, tranquilidad, paz.

Palabras abstractas, lejanas, vacías. Una estupidez nombrarlas.

Abrió la boca para decir algo, afilando si lengua para disparar uno de sus mordaces comentarios. Quiso volver a elucubrar uno de sus dardos envenenados criticando la poca ética profesional de su Taicho, pero no lo consiguió. La voz se le extinguió antes de poder pronunciar una sola palabra.

Oh, maldición.

Nanao lo debería haber previsto. Quizá alguna vez contempló la remota posibilidad de que entre ella y su Taicho llegara a existir algo más que la correcta relación jefe-subordinada, pero jamás la tomó en serio.
Ella no era una irresponsable. Era fría, calculadora y se mantenía siempre impertérrita, como era su deber. Ella nunca se vería en esa crítica situación.

Ah, estúpida.

Casi tuvo ganas de reírse de sí misma cuando hace una semana se dio cuenta de que estaba besándolo.

Ella, la reina del autocontrol y la serenidad ¡Ella misma! Se había encontrado besando a un capitán. A su capitán.

Besando a su antítesis.

Desde entonces cada día había sido un martirio. Un contacto tan nimio como la presión de sus labios contra los de su capitán había desencadenado todo: ahora se pasaba el día esquivándole, intentando ignorar su sonrisa pícara y su mirada de complicidad.
Y ahora no había escapatoria.
Porque estaban solos, porque era tardísimo y porque iban hacia la misma dirección cruzando los jardines: sus dormitorios.

Por supuesto, cada uno al suyo.
Es que si no, eso sería ya lo que le faltaba.
Shunsui era un estúpido. Un estúpido como ella.

Le apartó con un empujón, del que él se rehizo casi al instante.

-¡Oh, Nanao-chan! ¡No seas tan fría conmigo! Anda, tienes las manos heladas.

Ella tenía mucho frío. Hacía frío. Era una noche fría y estaban al aire libre ¡Estaba helada, puñetas! Pero si lo decía estaba segura que Shunsui le gritaría algo como “¡Ven aquí, yo te daré calor!”

-Nanao, tiemblas. ¿No tendrás frío?- ¿“Ven aquí, yo te daré calor”?- ¡Ven aquí, Shunsui te dará calor!

Casi.

Puso los ojos en blanco, maldiciéndole a él y a lo acostumbrada que estaba ya a sus comentarios idiotas.
Recordaba cuándo había sido nombrada fukutaicho. Recordaba cómo se había llevado las manos a la cabeza al ver que su capitán estaba tumbado en el jardín bebiendo sake y flirteando con unas shinigamis en vez de trabajando.
Fue en ese momento cuando Nanao enarboló por primera vez su carpeta como si fuera una espada, y que desde entonces se convirtió en un movimiento automático.
Recordaba también haber resumido en dos palabras la primera impresión que Shunsui había causado en ella: un sinvergüenza.

¿Entonces por qué, joder? ¿Cómo había llegado a esa situación?

-Tranquila, todo irá bien- repitió Shunsui con un deje paternal de pronto, de volviendo a Nanao de golpe a la realidad, despertando a su mente de la momentánea desconexión.- Créeme. Todo va a ir bien.

Y en el momento en que vio su amplia sonrisa deseó tener esa fe. Esa certeza del que el futuro iba a ser bueno. Deseó creer a su capitán. Deseó hacerlo. Y lo intentó, como tantas otras veces.

Pero no lo hizo.

-Por favor, taicho- ella era mármol. Su voz, de hielo. Y su coraza, impenetrable- Creo conveniente que en todo momento haya al menos medio metro separándonos.

Shunsui ni parpadeó.

And I wanna believe you
When you tell me that it’ll be okay
Yeah, I try to believe you
But I don’t

Nanao tomó una bocanada de aire frío con dificultad, convencida de que debajo del agua respiraría mejor que en esos momentos. Nunca el trayecto hacia sus habitaciones se le había hecho tan eterno. Y encima ahora se paraban.
Genial.
Su mirada se afiló, volviéndose severa. Deseó que su aire sereno no flaqueara después de que el hombre abriera la boca. ¿Y si mencionaba lo cerca que se había acercado a él hacía unos días?

-¿“Crees conveniente”?- la teniente se preguntó cómo conseguía Shunsui que sus palabras sonaran tan serias sin haber borrado la sonrisa burlona de su rostro- ¡Qué estricta eres, Nanao! Bueno, me gustas más así.

Tsk.

“Por favor, que no me pida que le azote”, pensó Nanao mientras sus nudillos se volvían blancos por la presión con la que apretaba su omnipresente carpeta, luchando contra el esfuerzo de no estampárselo en la cara.

Sería capaz de pedírselo. Oh, sí.

Apretó el archivador que llevaba entre los brazos contra el pecho, como si se tratara de un salvavidas. Sus obligaciones eran su balsa en medio del océano. Si bajaba de ella, se ahogaría Y en ese momento estaba tambaleándose, se había agujereado, había tormenta, tsunamis de 20m y tiburones esperando a que saltara de su balsa. Un tiburón acechante, vestido con una horrenda manta rosa, un sombrero de paja y una botella de sake en la aleta.

Oh, Dios.

Se quitó las gafas, ahora empañadas por el vaho que provocaba su aliento. Lamentó que su imaginación fuera tan rápida como su velocidad para rellenar documentos.
Shunsui suspiró al ver que Nanao no parecía querer variar ni un ápice su expresión. Se pasó la mano por la barba de dos o tres días y volvió a sonreír. Nanao no correspondió al gesto.

-¿Por qué no estaba hoy por la mañana rellenando los archivos? Me había dicho que se presentaría.

La pregunta pilló a Shunsui desprevenido. Alzó una ceja extrañado pero en seguida recobró la compostura. A su expresión volvió el aire despreocupado y pacífico que le caracterizaba.

-¡Estaba en una reunión, Nanao!

“Vaya, ¿se te ha ocurrido a ti solo? Al menos hoy no me ha dicho nada de haber estado contemplando a una mujer hermosa. En fin, buen intento”

-Le vi en el jardín, tomando sake.

La última palabra la disparó. Al ver la pose melodramática de Shunsui casi se sintió cómoda en la incomodidad de nuevo.

Casi.

-Era la reunión del sake al aire libre- saltó automáticamente su capitán, al que nunca le había faltado agilidad mental- brindábamos por una mujer hermosa.

Y sacó una botellita de sake de vete-tú-a-saber-donde y la alzó hacia Nanao, en ademán de hacer un brindis, a lo que ella respondió girando la cabeza hacia otra dirección, haciendo gala de una frialdad glacial.

-Haga el favor de guardar eso, taicho.

Al ver el gesto y al oír la respuesta de Nanao a su halago, Shunsui se colocó en una exagerada posición teatral de agonía, que pretendía escenificar un apuñalamiento en el corazón. Muy exagerada.

Pero ahora no podía sentirse bien, porque ya nada sería igual.
Porque era muy evidente que, por muy gracioso que le pareciera a veces, no podía confiar en él.
No podía creer en su palabra, por mucho que lo intentara.

-Taicho.-Kyouraku abandonó su momento dramático al oír el tono de Nanao. Congestionado, grave, roto.- Creo que…se empieza a hacer tarde- estuvo a punto de mirarse la muñeca, buscando desesperada una excusa. Sin embargo se dio cuenta antes de que no llevaba reloj ese día- Necesito dormir… Hoy…ya no puedo más.

Hoy no más.

When you say that it’s gonna be
It always turns out to be a different way
I try to believe you
Not today, today, today, today, today

Shunsui sacó un reloj que llevaba dentro de la capa y lo miró brevemente. Al parecer la hora no le pareció suficientemente tarde, y por eso siguió en su línea.

-¿Qué pasa? Entonces tienes frío.

Shunsui se acercó a ella como un resorte y, sin que Nanao lo pudiera evitar, colocó su capa rosa sobre sus hombros. Ella despertó de su ensoñación demasiado tarde y como un resorte también, empezó:

-Con todos los respetos, taicho, no veo…

-Cállate, Nanao.- la orden la sorprendió. Por un instante creyó que se había enfadado por la reticencia de ella a todo lo que viniera de él.- Si me quieres respetar, no continues esa frase.

La teniente quedó clavada en el sitio por unos momentos, intentando procesar el significado de esa frase, pero antes de que pudiera acabar, él soltó:

-Además, ¡verte con mi precioso manto puesto es una de mis fantasías!

Nanao entrecerró los ojos, harta. Hoy no conseguiría llevar una conversación normal con él. Hoy no quería estar cerca.

No podía. No debía.

-No bromee.

-¡No son bromas!- repuso él enseguida- El rosa te favorece mucho más que el negro, aunque tú estás sexy con lo que te pongas.

-No me refería a eso.

La sonrisa de su jefe flaqueó un poco. En su rostro sólo quedó un esbozo de su perenne expresión.
Nanao miraba al suelo.
Sin mediar palabra se quitó la manta de Shunsui y la sostuvo en sus brazos, consciente de que si se la devolvía sería algo muy parecido a un rechazo. Después de contar cuántas baldosas de las que había en el suelo cabían en un metro cuadrado, tomo aire y se la tendió.

-Yo…no puedo. No sé.

A pesar de lo críptico de la frase, Shunsui no necesitó preguntar. Cogió su capa y se la echó al hombro sin mediar palabra.

-Te refieres a nuestra…

-…complicación, sí.

-¿Complicación?- Shunsui enarcó ambas cejas, burlón- Yo iba a decir relación.

Venga, Nanao, es el momento: desmáyate.

-Bueno, pues… relación.- a la fukutaicho le costó horrores pronunciar esa palabra- Aunque no la hay.

Nanao se abriría el vientre con una horquilla antes de reconocer que lo que había entre los dos era una “relación”.
Le pareció que Shunsui soltaría un “¿Ah, no?” sarcástico, pero se mantuvo callado y se echó a caminar de nuevo hacia su destino, instando con la mirada a que Nanao continuara hablando.

Pero ella no sabía qué decir. No sabía cómo se sentía.
No sabía qué podía contestar. No sabía qué sentir respecto a su capitán y lo más importante: no sabía cómo se sentiría a la mañana siguiente, después de haber intentado digerir la situación de nuevo.

No sabía nada.

Tan sólo quería –necesitaba- irse a su habitación, dormir, descansar, tirarse por una ventana.
Alejarse de él.
Hoy no podía decidir nada. Tenía que ser mañana.

-Mañana hablaremos, señor. Necesito descansar.


I don’t know how I’ll feel
Tomorrow
Tomorrow
I don’t know what to say
Tomorrow
Tomorrow
Tomorrow is a different day

-Vaya, Nanao, diría que me estás intentando alejar de ti.

”Oh, no, vaya, Einstein. ¡Pero qué profeta!”

Ya volvía a estar en pose dramática. Ese hombre cambiaba de cara y tono a una velocidad vertiginosa.

-Oh, mi Nanao-chan, ¡no intentes abrir un abismo entre los dos!

Argh.
Ella sí abriría un abismo entre los dos, pero para tirarle a él dentro, de cabeza.
Nanao habría podido responder por partes a esa frase, pero sólo hubo una cosa que le provocó un tic en el párpado.

-¿Cuántas veces le he dicho que no soy su Nanao-chan?

-Más de las que piensas y menos de las necesarias.

Dolor de cabeza. Migraña. Palpitaciones en la sien.
Maldición.
Kyouraku Shunsui siempre había sido el que se dedicaba a elegir por ella: elegía si hacer o no los archivos asignados a la división 8, elegía si el uniforme de Nanao tenía que ser convencional o tenía que incluir una falda que más bien parecía un cinturón (lo había intentado varias veces infructuosamente) y también elegía si matar a Nanao de una úlcera por el estrés o dejarla vivir hasta el siguiente día de administración. Él siempre había sido el que decidía cómo ponerla nerviosa con sus comentarios o cómo la tenía que adular para abrir fisuras en su coraza. Incluso cómo la iba a conquistar, usando tretas y frases pastelosas.

Pero esto no lo iba a elegir él. Esta vez era su elección la que importaba.

-Shunsui-taicho.- el aludido dio un brinco, esperanzado de que Nanao reconociera que ella era ‘su Nanao-chan’.- Haré lo que debo hacer.

Nanao pensó que lo marearía con tanto cambio de tema, pero de nuevo la máscara risueña de Shunsui se derritió y se deshizo para dar paso a una expresión seria y taimada.

-¿Y qué es lo que debes hacer, Nanao-fukutaicho?

-No hacerlo.

Simplemente no hacerlo.

It’s always been up to you
Let’s turn it around, it’s up to me
I’m gonna do what I have to do
Just don’t

-¿No hacerlo, Nanao?- su voz era un cóctel de incredulidad y diversión. También escepticismo.- ¿Esa es la solución que se le ocurre a la mujer más inteligente del Sereitei? Ay, a veces eres tan...

¿Inteligente? ¿Coherente? ¿Normal? ¿Poseedora de un mínimo de sentido común?

-...¡mona!

Ise suspiró. ¿Acaso él no lo entendía? ¿No veía que los cimientos de su entendimiento que con tanto esmero había construido se estaban desestabilizando con todo lo que le estaba pasando? Absolutamente todas sus creencias se estaban desmoronando bajo el peso de un capitán hippie, mujeriego y bribón.
Y brillante e inteligente.
Pero eso no quitaba lo más importante: un capitán. Superior al mando. Jefe.

De repente su mente empezó a evocar recuerdos de sí misma haciendo gala de una correcta ética profesional: ¡la de veces que había desaprobado el profundo escote de Rangiku y la manera de tratar a su Taicho! Recordaba haberla reñido alguna vez por ello.

Y eso que Rangiku nunca había besado a Hitsugaya-taicho.

Al menos que ella supiera.

Ise Nanao se había convertido en el arquetipo de persona que ella detestaba: estúpida, imprudente y poco rigurosa.
Y encima, trepa.

Para él era muy fácil, claro. ¿A él que más le daba romper una regla más o una menos? No pasaría nada si un día se presentaba en el despacho de Yamamoto contándole algo como "Oh, hoy me he saltado la hora destinada a rellenar informes acabando con el abastecimiento de sake de las bodegas. ¡Anda, se me olvidaba! También he ayudado a los ryokas, me he llevado a Ukitake de marcha cuando debía descansar y le he hecho beber aunque sabía que se estaba medicando. Creo que le ha dado un chungo. ¿Algo más? Sí, bueno, me he enrollado con mi teniente y hemos decidido formalizar nuestra relación. Una chorrada, vamos, si tenemos en cuenta los 5 shinigamis rasos de la división 1 que por mi culpa están ingresados en la 4 por coma etílico."

Y Yamamoto se quedaría tan tranquilo.

Pero ella no podía permitirse eso. Su cabeza no se lo permitía. No podía digerir la idea así porque sí. No era impulsiva y no se lo iba a jugar todo a una carta o a una pasión pasajera.

A pesar de que esa pasión fuese amor.

Su mente tenía que analizar pros y contras, y para eso necesitaba el tiempo que Shunsui no parecía dispuesto a darle. Aunque sólo fueran 5 minutos de tregua. Unos momentos en los que no se girara hacía la ventana y le viera a él tendido sobre el césped saludándola con el movimiento vigoroso de una botella de sake.

Sólo un momento. Y para que él le diera un respiro tendría que pedirle una noche entera.

-Por favor, capitán, de verdad: mañana hablaremos sobre ello.

Give me a little time
Leave me alone a little while
Maybe it’s not too late
Not today, today, today, today, today

-Ay, mi Nanao-chan, tu indecisión me parte el corazón.

Si su coración se partía o no, no tenía intención de preguntárselo, porque tenía otra cuestión que exponer.

-Taicho, como no me deje de llamar 'su Nanao-chan' yo...

Sin embargo Nanao se quedó sin poder decir lo que iba a hacer al respecto cuando una boca ajena aprisionó la suya y la dejó incapacitada para hablar. Una mano de deslizó por su cintura, intentando mantenerla agarrada a pesar de que ya aguantaba como una tenaza una botella de sake. Las gafas de Nanao se deslizaron por el puente de su nariz y cayeron al suelo, sobre la hierba del jardín.

Yin acababa de besar a Yan.

I don’t know how I’ll feel
Tomorrow
Tomorrow
I don’t know what to say
Tomorrow
Tomorrow is a different day

Porrazo:
1- Golpe dado con una porra o con cualquier objeto duro.
2- Golpe fuerte, en especial el que se recibe al caer o al chocar contra un cuerpo duro.

Tortazo:
1- Golpe dado en la cara con la palma de la mano.
2- Golpe, choque o caída, en especial si son violentos o accidentales.

Carpetazo:
1- Golpe violento dado con una carpeta.
2- Movimiento automático de autodefensa contra un taicho tocanarices patentado por Ise Nanao. Por y para su disfrute.

La carpeta se estampó en la cara de Shunsui, tirando al suelo su enorme sombrero de paja. Él la soltó del agarre a la que la tenía sometida por la cintura, pero Nanao mantuvo el brazo estirado con la carpeta pegada a la frente de su capitán, jadeando de la impresión. Los colores le habían subido a las mejillas.
La boca le sabía a sake.
Ahora no sólo estaba indecisa, nerviosa y asustada, si no también furiosa. Y además, desorientada. Veía algo borroso.

-¿Cómo te has atrevido?- la voz le temblaba de rabia y hablaba apretando los dientes. Estaba tan enfadada que por un momento olvidó el tratamiento de usted. Por suerte no había nadie cerca.- ¿Qué se ha creído? ¡Míreme y dígamelo a la cara!

-Si ya me gustaría, Nanao- oyó decir a Shunsui con la voz apagada.- Verte siempre es un placer, pero…

Fue entonces cuando se dio cuenta de que aún mantenía la carpeta pegada a la cara de su taicho, y por lo tanto mirar otra cosa que no fuera el color de las tapas del archivador era tarea imposible. Algo azorada pero sin vestigio de arrepentimiento la apartó para que pudiera hablar, apretando la carpeta contra su pecho para disimular la tentación de volverle a pegar un carpetazo.

La cara de Shunsui estaba roja por el impacto pero su expresión era radiante. Sin embargo cuando Nanao lo miró, de sus ojos pugnaban por salir gruesos lagrimones.
Sí, hombre, pucheritos aquí: lo que le fataba a la pobre mujer.
Shunsui se agachó para recoger su sobrero y de paso cogió las gafas de Nanao del suelo. Cuando se las tendió ella se las arrebató con un movimiento brusco.

-Es que tú lo sabes, estás tan atractiva cuando te irritas que no lo he podido evitar- cerró los ojos y puso morritos, para parecer mucho más inocente de lo que en realidad era- Además, he pensado en robarte hoy un beso, puesto que tú hiciste lo mismo la semana pasada.

Sí, y ese beso se había convertido en su cruz.

Su cara se ensombreció de nuevo y todo el color se esfumó de sus mejillas. Si no hubiera sido por ese beso viviría tranquila, enamorada en secreto de su capitán, y se pasaría el día esquivando sus halagos o lamentaciones desde una habitación de cristal, sin intervenir ni inmiscuirse.

-Argh.

Necesitaba una jornada de reflexión, tiempo para pensar en todo y sopesar sus circunstancias. No estaba preparada para que él se lanzara sobre ella y la besara. No lo estaba para mantener con él una incorrecta relación extraoficial. Un aluvión de recuerdos se abalanzó sobre ella, con el desencadenante del beso que Shunsui le acababa de dar.

Su cabeza era literalmente un campo de guerra, donde más de dos bandos si disputaban el control de su voluntad.

-Iré a mi habitación.-le espetó, sintiéndose como un disco rayado. Sin embargo no fue un comentario; fue una declaración de principios.- Ahora.

Y apretó el paso, apuntándose como nota mental el trasladar sus habitaciones a un lugar más cercano a los despachos ¡Era indignante que los propios mandatarios de la división tuvieran que hacer una peregrinación a la Meca ida y vuelta para llegar a sus habitaciones!

Odiaba los trayectos largos...

-¡Pues yo te acompaño, Nanao-chan!

...aunque no tanto como el hecho de tener a su taicho pegado a la espalda.

¡Necesitaba separarse de él! ¡No verle! ¿Acaso no lo entendía? ¡Mañana! ¡No es difícil de recordar! ¡Ya hablarían mañana! Shunsui se le acercó en ademán de pasarle el brazo por los hombros pero ella le apartó enseguida.

-¡No me toque!- quería que la tocara, pero no se sentía preparada. Nunca se sentiría preparada.- Medio metro, taicho. ¡Medio metro!- dijo, midiendo la distancia entre los dos cuerpos con el brazo -Ya hablaremos mañana. Estoy muy...- confusa, indecisa, nerviosa, ¡histérica!-...cansada.

Él se mostró insensible ante cansancio de Nanao.

-¿Qué diferencia hay? Hablar hoy o hablar mañana.

-Que mañana será otro día, capitán- le dijo, con una mirada glacial.- Y yo necesito que sea otro día para estar con usted.

"Porque mis ideales han trastabillado y se han dado de bruces contra un barril de sake de las bodegas de la división. Porque usted me merma"

-Mañana será otro día.

Hey, yeah, yeah
And I know I’m not ready
Hey, yeah, yeah
Maybe tomorrow
Hey, yeah, yeah
I’m not ready
Hey, yeah, yeah
Maybe tomorrow

“Mañana será otro día” se obligó a repetirse como un mantra.

-Buenas noches, capitán.

Shunsui agitó la mano vagamente como despedida, sin embargo no se movió de la puerta de la habitación de Nanao, a la que se había empeñado a acompañarla. Pero ella estaba ocupada dándole vueltas a otro asunto. Kyouraku no mostraba ningún rastro de decepción, tristeza o abatimiento. ¿Por qué si le acababa de rechazar, se mantenía risueño y despreocupado? Su alegría era innata, inamovible.
Pero ya la podría abandonar en un momento tan delicado, joder.
Se había pasado toda la noche entreteniéndola, aún sabiendo que ella no estaba dispuesta a hablar. Se comportaba como si el rechazo no estuviera dirigido a él, si no a su sombrero. Como si todo tan sólo fuera una broma o un capricho de una niña que ahora mismo iba a recapacitar.
Mañana, mañana, mañana.
Ella hablaba en serio. Que él no se lo creyera era ya el acabose.

And I wanna believe you
When you tell me that it’ll be okay

Chascó la lengua con desaprobación, irritada y miró a los ojos a Shunsui durante un buen rato. Los párpados semicerrados no podían tapar del todo sus chispeantes pupilas, que brillaban pícaramente.
Nanao reprimiró un escalofrío.
¿Pero por qué no se largaba ya?

Yeah, I try to believe you

De pronto su capitán rompió el contacto visual que mantenía con su subordinada dirigiendo sus ojos hacia el reloj que había en la pared del pasillo. La chica de las gafas le imitó, extrañada.
Y cuando vio la posición de las agujas, lo comprendió tofo.
Tuvo ganas de abrirse las venas a mordiscos cuando supo la razón por la que Shunsui no había perdido el temple ni la sangre fría.
Oh, maldito, maldito, maldito.

Un reloj lejano dio las 12.

Su coraza se resquebrajó. Los pilares que sostenían su sentido común se desmoronaron como piezas de dominó. Quiso reír. Reírse de sí misma y de lo ingenua que había sido esa noche. Se quiso reír de él. De su testarudez, de su confianza en sí mismo y de sus tretas para conquistarla. En cualquier momento se echaría a reír. Histéricamente.
Ese hombre podía con ella.

-Ya es mañana.- le informó Shunsui, sonriendo.

Not today, today, today, today, today

Argh, maldito, puñetero, retorcido, sátiro, vago, imaginativo, inteligente, brillante.
Te odio, Shunsui. No me dejas escapatoria.

-¿Quiere pasar, taicho?

Tomorrow it may change
Tomorrow it may change
Tomorrow it may change

-Por supuesto, mi Nanao-chan.

Esta vez no se molestó en corregirle. Ya se preocuparía por eso mañana.

Ya lo haría mañana.

Carpe diem.

Tomorrow it may change

[Fic] Sólo una vez, by Kitty-chan

Haciéndose el dormido se dio la vuelta en la cama. Y para darle más credibilidad a su actuación tanteó con su mano el lado que ahora estaba vacío, porque ella ya se había levantado. Entreabrió los ojos ligeramente, solo con el deseo de alimentar sus ojos de ella.

Tan bella, tan fría, tan serena... Aún su largo cabello negro caía libremente por su espalda desnuda, como una cascada azabache, liso y sedoso... ¡Había disfrutado tanto teniéndolo entre sus dedos aquella noche! Y no solo su cabello, si no todo su cuerpo había estado en sus manos. Pero la noche había pasado, y eso se había acabado.

Seguro que ella ya se había dado cuenta de que era observada, pero aún no le había dicho nada. Quizá se estaba apiadando de él pues aquello no se iba a repetir, o al menos eso le había advertido. Y era una lástima, porque para él había sido una gran experiencia que quería repetir... pero con ella, y nadie más; aunque nunca la creyera él realmente la amaba.

-Shunsui... ¿No has tenido ya suficiente? –oyó que le decía su melodiosa voz de pronto.

Sabía a qué se refería y sabía porqué lo decía. Ella no era de la clase de mujeres que perdía el tiempo con sarcasmos e ironías, haciendo chistes malos o retorciendo las palabras. Aquella noche habían hecho lo que habían querido el uno con el otro, de eso hablaba, pero aún así...

-Eres mala, Nanao-chan –respondió él, hundiendo la cara en la almohada, y volviendo a mirarla apenas unos segundos después.

Nanao se giró, con el yukata blanco que usaba para dormir a medio abrochar, el cabello y las gafas medio caídas. A Shunsui le resultó terriblemente atractiva así, y deseó que ella lo dejará abrazarla y besarla de nuevo. De todos modos, algo en su postura lo inquietó: su mirada penetrante, fija, intentando congelarlo y hacerlo arrepentirse de algo... ¿El qué?

-¿Por qué no quieres repetirlo nunca más? Sé que para ti ha sido tan grato como para mí -Y “grato” ni siquiera es palabra suficiente para describirlo, pensó Kyoraku.

-Tengo mis motivos, pero tampoco voy a perder el tiempo enumerándolos –respondió ella con sequedad, pero notablemente más relajada, mientras se apartaba el flequillo de la cara-. Y vístete de una vez; dentro de una hora estarán todos en pie y si me entretengo demasiado o alguien te encuentra así...

-Yo no tendré ningún problema –cortó el hombre, dándose la vuelta para no mirarla.

Ah... Esa mujer era su perdición, su gran amor y lo más doloroso. Realmente pensaba que ella era mala, pues lo había utilizado. ¿Pero desde cuando ella hacía cosas así? Y, más aún, todo había empezado de un modo tan extraño...



Había salido de su cuarto nerviosa pero decidida. Llevaba demasiado tiempo dándole vueltas al asunto y había decidido que tenía que ponerle fin. Y todo dependía de lo que iba a hacer, de lo que él dijera, de lo que sucediera después. Tenía miedo de las consecuencias, tenía miedo de fracasar en su decisión y romper la promesa que se había hecho a sí misma: no caer en las garras de Kyoraku Shunsui.

Desde antes de llegar a ser su teniente había notado el gran atractivo de ese hombre, su carisma y incluso sus miradas... Lascivas miradas. Lentamente, paso a paso, había ido ascendiendo, y dándose cuenta de que su capitán, por muy fuerte y respetable que fuera, era también un vividor, un mujeriego, que prefería pasar el tiempo sin hacer nada, contemplando las nubes, a trabajar en lo que debía. Al principio lo había soportado, pero entonces la habían hecho teniente, y lentamente su paciencia comenzó a colmarse.

Recordaba la primera conversación que tuvieran ocupando cada cual el cargo que ostentaban en esos momentos, años atrás, en su despacho del cuartel de la octava división.

-Ise Nanao... –repetía él, ojeando su ficha de arriba abajo y viceversa-. Me alegro de tener de teniente a una persona tan eficiente.

-Gracias, capitán –había contestado ella con cortesía, manteniendo la vista baja.

-Sí, bueno... ¿Y no quieres venir a tomar algo por ahí?

-No, capitán, tenemos trabajo que hacer ahora.

-¿Y más tarde? Si eso lo acabamos rápido podemos ir a dar una vuelta también, y...

-No, capitán; lo siento. Y gracias por la invitación.

Se había sentido burlada y humillada. ¿Cómo podía haberla tomado tan a la ligera? Y lo peor es que hablaba completamente serio, con un tono de voz normal, ni frío ni burlón, lo que la sacaba de quicio. En ese momento había hecho su promesa, y con el pasar del tiempo había ido encontrando más y más motivos para mantenerla...

...al igual que para temerla. Muchas veces habían compartido misiones y habían tenido trabajos en los que ella se había sentido sobrepasada por las circunstancias, y él se había encargado de solucionarlo y ayudarla a ella. Cuando se sentía deprimida, inconscientemente él con sus bromas y sus insinuaciones le alegraba el día. Y con el pasar de los años se había ido haciendo, poco a poco, un lugar en su corazón. ¿Pero era tanto como para enamorarse de él? ¿No era simplemente un aprecio como de hermano mayor? A veces no lo sabía, a veces le daba la sensación de que no podía resistirse a él. Aunque con todos los hombres que había conocido su sentido del deber se había antepuesto siempre a sus sentimientos, Kyoraku Shunsui la desarmaba completamente. Le gustaba porque era atractivo, porque era amable, porque era diferente; temía que le gustase tanto que un día terminara cayendo, convirtiéndose en otra de sus conquistas de una noche. Porque él era demasiado libertino para atarse a una mujer, para amar a nadie seriamente, y mucho menos a ella.

Se había pasado la mano por la cabellera al llegar frente a la puerta de la habitación de él. ¿Qué la detenía ahora? Descorrer la puerta, dar unos pasos, acercarse... Era tan poco, tan fácil... Y temblaba de miedo. ¿Iba a romper su promesa o a hacer un experimento? No le había dado tiempo a decidirlo, pues en ese momento él había abierto la puerta por sí mismo, desde dentro.

-Nanao-chan...

-C... Capitán Kyoraku.

Él parecía listo para irse a dormir, aparentemente sin compañía, y también sorprendido de verla. Llevaba el cabello suelto, como ella nunca lo había visto, y parecía casi sonreír con verdadera tranquilidad, como sólo a veces hacía.

-Se ve muy bien así, muy... atractivo.

Sin saber bien qué decir, Ise se había abrazado a sí misma, por sobre la bata que cubría su yukata para abrigarla.

-¿Puedo pasar?

-Claro, adelante. Yo... No, nada.

-Gracias...

Él había vuelto a entrar y se había sentado en su cama, tranquilamente, a observarla. Ella había entrado también y había cerrado la puerta tras de sí.

Se habían mirado unos instantes, estudiándose mutuamente, esperando uno a que la otra hablase. Lentamente se había cercado, agachando la cabeza y dejando que el cabello suelto hiciera una cortina a ambos lados de su rostro y cubriendo así el rubor que lo teñía. Cuando estaba a cinco pasos se había armado de valor y vencido su vergüenza; cuando estaba a tres pasos se había quitado las gafas y las había dejado con cuidado en la mesa que estaba justo a su lado; cuando estaba a un paso se había sentado junto a él y lo había mirado a los ojos.

-¿Qué pasa, Nanao-chan?

-Capitán Kyoraku... ¿Puedo comprobar una cosa?

-Claro, pero... ¿El qué?

Entonces lo había besado, y luego se habían dejado llevar.



Cuando ella había llegado él estaba a punto de salir a buscarla, en busca de su compañía. No necesitaba en ese momento compartir el lecho con ella, solo escuchar su voz, una suave reprimenda, y saber que por poco que se entendieran se tenían el uno al otro.

Cuando ella lo había besado él ya había notado que estaba extraña. ¿Él era su experimento? ¿Qué clase de experimento era ese? ¿Otro juego de la asociación de Mujeres Shinigami? No tenía ni pies ni cabeza, pero la deseaba tanto que se había dejado llevar.

Ella nunca lo creería, pero él la amaba. Nunca se había fijado en esa oficial tan seria hasta que se había convertido en su teniente. E incluso al principio había intentado cortejarla del mismo modo que a las demás, pero ella se había resistido. Era fría, era seria, era responsable y era bella. No perdía el tiempo en tonterías, como él, y tenía bien claro lo que quería. Tanto, que en el momento en que ya ambos se encontraban desnudos, el uno junto al otro, había interrumpido un beso para darle las dos advertencias que en ese momento le rompían el corazón.

-No pasaremos otra noche juntos más que ésta –había dicho-, y no le hablará a nadie sobre ello.

-Entonces aunque sea por ahora, ya que no se volverá a repetir... ¿Podrías, al menos por hoy, tratarme con más familiaridad?

Solo eso, el que ella pronunciara su nombre, había sido suficiente para que aceptara todas las condiciones que le ponía. Y realmente, aunque no lo hubiese hecho, lo habría aceptado de igual modo. Porque estaba dispuesto a todo por ella. Porque era perfecta en su carácter, perfecta en todo lo que hacía, y perfectamente bella. Era tan perfecta que casi llegaba a aceptar que no la merecía.

Y aún así una parte de él lloraba, porque ella no lo quería ni lo iba a querer, porque lo había usado en alguna clase de maquiavélico experimento que no llegaba a entender. Lo habría entendido y casi aceptado de cualquier otra, pero que fuera ella le partía el corazón.

Le había pertenecido él a ella y ella a él, y aunque cualquiera de los dos intentara negárselo al otro no habría podido. Shunsui sabía que no era su orgullo lo que estaba herido, y aún así se debatía entre engañarse a sí mismo intentando creer una mentira o guardar el agridulce recuerdo de lo que era verdad.



Lo miró un momento, ya con su yukata puesto, y sonrió. Se arrepentía de lo que había dicho, se arrepentía de su orgullo, se arrepentía de su fracaso. Se había dejado llevar, lo había tenido y se había entregado, y había comprobado que estaba tan enamorada de él que pensar en que podía ser especial o si se atrevería a pedirle otra noche le causaba un dolor insoportable, aún mayor que el de su despedida. Él no podía atarse a una mujer, así que era una tontería hacerlo.

Ahora volverían a su rutina, aparentarían la actitud de siempre y él olvidaría ese día. Por su promesa dudaba que él dejara de rondarla, pero ya no lo haría en serio, porque no la quería. Sería todo como debía ser, sin sobresaltos ni problemas, sin dudas ni confusiones. Ella seguiría complaciendo sus pequeños caprichos, como dejarle algunas horas de libre albedrío, como seguirle el juego de adornar sus combates con pétalos de rosas.

Seguiría sin demostrar lo que no estaría bien visto: que se había enamorado de su capitán como una tonta y que le daba miedo ser simplemente una más de sus amantes.



Se miraron un momento, él aún dentro de su cama y ella de pie, con la gafas puestas también. No quería marcharse ni que se marchare, pero no podía atarse ni atarla.

-Eres un ángel de día y de noche, Nanao-chan –le dijo con ternura, sin dejar de mirarla.

-No diga tonterías, capitán –lo amonestó ella, echándose un mechón de cabello hacia atrás.

Suspiraron al unísono, sin darse cuenta de que les daba un vuelco el corazón en el mismo segundo en que el trato frío había vuelto. Tenía que hacer su pared de nuevo y tenía que volver a rondarla, aparentar como si no hubiesen hecho nada.

-Hasta... dentro de una horas, Nanao-chan.

-Hasta más tarde, capitán Kyoraku... Y gracias.

Lágrimas en el corazón y en la cara, aunque no se notaban porque nadie los miraba. Se marchó y la dejó marchar, pero habían tomado una decisión. Lo recordarían, ni con pena ni con rencor, sino con la calidez de lo bueno, lo que agrada, lo que enamora. Porque lo habían vivido solo una vez, y no llegaría a haber más. Nunca más.

[Fic] Caía la lluvia, by Ise-Nanao

Caía esa noche con cierta insistencia y aunque apreciada por él le impedía sentarse en uno de los tejados del Seiretei a contemplar tranquilamente el manto de estrellas que la amiga Noche le regalaba,así que no le quedaba más remedio que estar a cubierto en un porche con vistas a uno de los jardines,semitumbado en un banco de madera observaba como las innumerables gotas caían sobre el cercano estanque creando a su vez infinitas ondas en esas aguas normalmente tan tranquilas,aguas que podrían compararse con él mismo,tal vez las únicas ondas que podrían hacer que su estanque interior dejase su acostumbrada quietud se debieran a un nombre,el nombre de quien era su sombra durante el día y a quien ahora añoraba,durante el día la tenía siempre a su lado....de noche solo en sus pensamientos...y ello talvez era la causa de la inquietud del estanque que era su alma.....-si,eso debe de ser....-Suspiró y se dibujó una leve sonrisa en su rostro.

“Qué estaría haciendo ella ahora? Se habría ido ya a dormir?Hummm,tampoco era muy tarde.....”
Conocía la afición que ella tenía por estarse hasta horas intempestivas trabajando en sus obligaciones como teniente,siempre tan aplicada y estricta,privándose de diversiones y entregada siempre a cumplir a rajatabla con todas las tareas,una entrega fascinante,por eso la quiso a su lado y cada día estaba más seguro de que había sido uno de los grandes aciertos de su vida y no le importaba que desdeñase sus cumplidos ni que jamás le permitiera un gesto más cercano que el que estrictamente permitiera el protocolo,si no fuera a sí no sería ella....No sería su Nanao-Chan......
De pronto tuvo una idea y estirandose algo felinamente se levantó de su cómodo asiento y enfiló por uno de los pasillos del Cuartel del Octavo Escuadron con paso comedido y el talante sereno de siempre,pudo escuchar cierta algarabía cuando pasó por las dependencias donde sus subordinados se reunían para pasar un rato de ocio antes de acostarse,sonrió satisfecho y siguió su camino pues ese no era su destino.
Descorrió la puerta de la sala de archivos que tambien hacía las veces de biblioteca y volvió a sonreir porque tal y como esperaba,en una de las mesas y echada sobre la misma se hallaba su querida Nanao,se acercó con sumo cuidado para no despertarla,”siempre tan trabajadora” Pensó mientras la observaba con dulzura,con toda delicadeza la alzó sin siquiera despertarla y salió en silencio con ella acurrucada en sus brazos dirigiéndose de nuevo al banco del porche en el que se hallaba antes.....

Ya allí se sentó y acomodó a Nanao entre sus brazos cubriéndola con mimo con su floreado kimono,la joven aun dormitaba y él se limitó a mirarla con expresión dulce,en ese momento todo era perfecto y no deseaba perderse nada.
Unos instantes después Nanao entreabrió sus ojos adormilada y su mirada al fijarse en las facciones sobradamente conocidas y secretamente muy queridas interrogó al capitán en silencio.
-Pensé que te gustaría el olor de la tierra húmeda Nanao-Chan.....no lo encuentras agradable?
Un instante de silencio mientras la teniente se debatía entre el deber y lo que realmente deseaba,finalmente relajó su cuerpo de nuevo acomodándose entre los brazos del capitán y susurró:
-Si.....todo es muy agradable....Capitan....
Sintió que la estrechaba un instante con infinito cariño y ella correspondió dejando reposar su cabeza en el pecho de su Capitán,suspiró y cerró los ojos,mientras la lluvia seguia cayendo....

[Fic] Otoño dulce, by Koukan Ichihimetsuchi

El cielo siempre había sido un escenario misterioso.. .En su inmensidad, las nubes se entrelazaban hilando historias con sus hebras de cálido blanco mientras que bajo su magnanimidad eran los humanos manipulados por su influjo, siendo obligados a representar la pantomima que aquellos blancos hilos de marionetista representaban aparentemente para ellos, la diversidad de las formas de ellas equiparándose con las muchas ambiciones de los que descansaban bajo su protección...

El poder en unos, el honor en otros, y el ansia de fama para los demás eran las pasiones que movían las extremidades de los hombres pero, como siempre, había una excepción a esta regla y, en este caso, tenía nombre y apellidos

Kyouraku Shunsui

Un hombre que podía perfectamente quedarse contemplando tranquilo las blancas nubes pasar por encima de él sin perturbarlo, el mismo que bebía sake al amparo de un manto de esas flores cuya fragancia tanto le gustaba aspirar, aquel cuya mayor ambición no era otra que vivir tranquilo al margen de cualquier conflicto, del que huía como la peor de las pestes...

Aunque, como todo hombre, este también tenía un profundo vicio del que no parecía capaz de librarse por mucho que lo intentara, las mujeres en general eran su perdición, pero si había alguna que realmente lo llevase por el camino de la amargura esta era su teniente o, como él la llamaba, " una rara flor en un desierto de afiladas cuchillas"...

No imaginaba mejor frase para describirla que esa, pues donde todo era guerra, combates y caos ella mantenía siempre un orden estricto, orden que ni tan siquiera el capitán de larga cabellera azabache osaba desafiar por miedo a las consecuencias que esto podía tener para su integridad mental tanto como física, ya que si algo caracterizaba a su Nanao era que no tenía ningún temor en hacerse respetar sin importar el rango o condición de aquel que intentase entrar en su terreno..

Era algo a lo que Shunsui estaba bastante acostumbrado, pues sus intrusiones solían tener repercusiones bastante notables en forma de crueles represalias por parte de su teniente (jamás olvidaría sus golpes de abanico), pero, curiosamente, ese día parecía distinto a todos los demás...Esta vez no se produjo golpe alguno cuando la mano del capitán de la octava división descansó sobre el hombro de su subordinada, así como tampoco lo hubo cuando se deshizo con un suave movimiento del pasador de pelo que recogía los cabellos de la bella mujer en un pequeño moño, dejando los ríos de azabache caer tras su espalda desnuda junto a la morena mano del hombre

Nanao permitió que el Hakama que llevaba se deslizara tranquilamente por sus hombros hasta caer un poco más abajo, sólo algo por encima de sus pechos, mientras un sonrojo más que notable aparecía en su rostro normalmente serio pero ahora tranquilo..

Las gafas que ella solía llevar descansaban a un lado del lecho en que tanto ella como el capitán se encontraban simplemente gozando de la presencia del otro mientras sus manos se entrelazaban, el capitán dejó de lado su sombrero y desnudó su torso para ella mientras se permitía aspirar el aroma que emanaba de la base del cuello de su amada que besó con tranquilidad, se había imaginado muchas veces en esta situación con ella, pero el hecho de que sus ilusiones se hiciesen realidad era algo que no habría esperado ni con la expectativa más optimista, sencillamente, ella era una flor demasiado rara para estar a su alcance..

Se permitió mirarla a los ojos, perdiéndose dentro del océano que conformaban, y una sonrisa apareció en sus labios cuando acariciaba sus mejillas, pues en ellos veía cariño, veía admiración, veía correspondencia... La veía a ella, condensada en unas esferas de puro azul, y eso le bastaba para que todo estuviese bien, aquel era su momento, no necesitaba nada más y, finalmente, ambos se fundieron en un cálido beso que podría haber durado eones, pero que al ser tan deseado apenas pareció durar unos escasos segundos.

Al separarse y acostarse con ella en el lecho, los finos dedos de su mano entrelazados con la de él, Kyouraku pudo percatarse de la caída de los pétalos de cerezo sobre su manto de capitán, a través de la ventana que separaba a ambos amantes del mundo, algo que le hizo sonreír ampliamente... Siempre recordaría el día que entró esa estación por ser el que se unió a su otra mitad, desde entonces, aquel estaría marcado en sus calendas como el comienzo de su temporada favorita, en que Shunsui Kyouraku e Ise Nanao dejaron de existir como dos seres separados para conformar sus corazones una única entidad

Desde entonces, ese sería su apreciado Otoño dulce

[Fic] Yesterday, by Kris

“Yesterday,
all my troubles seemed so far away”

No puedo olvidar aquellos momentos. Días que parecen segundos, segundos que se convierten en la eternidad, y todo ello en mi memoria.

Recuerdos de misiones, de tardes en el cuartel, de “escaramuzas”, como me gustaba llamar a esas peleíllas en las que siempre, ella salía vencedora.
Recuerdos en mi memoria, y aún esta sensación en mis labios.
Y no puedo, no quiero olvidar, porque es lo único que me queda de ella.

“Now it looks as if they’re
here to stay.
Oh! I believe in Yesterday”

Todo ocurrió tan deprisa.
Una tarde tranquila en el Seiretei dejó paso a un anochecer teñido de rojo.
Y todo aquí, en mi mente, repitiéndose, una y otra vez. Le quiero poner fin, pero no puedo, no puedo, y me siento tan... Insignificante, tan impotente... Porque estuve allí, pero no pude hacer nada por impedirlo.

Nos dirigíamos a una batalla contra un Menos Grande, nada extraordinario para un teniente. Pero no me apetecía quedarme solo, así que decidí acompañarla. “Me vendrá bien un poco de acción”, dije.
Llegamos al lugar, y sí, allí estaba el Menos. Pero no solo.Varios arrancar le acompañaban.

Una emboscada, una maldita emboscada, propia de esos bichos.
Y sin darnos tiempo siquiera a prepararnos, empezó el baile mortal.
No recuerdo nada con precisión de la batalla, sólo los destellos de mis zampakutous, que cada vez se opacaban más debido a la sangre que teñía las hojas.
Recuerdo haber matado varios arrancar, el Menos Grande no fue un problema. Pero aún seguíamos acorralados por ellos, luchando mano a mano y protegiéndonos el uno al otro, porque a pesar de que le repetí una y otra vez que se marchara, no me quiso hacer caso.

No sé en que momento fue, cuándo bajé la guardia, pero de repente escuché un ella, perlado por el sudor, mientras una espada le atravesaba el vientre.
Inmediatamente, una ira intensa se apoderó de mí, y sin controlarme, liberé mi bankai, arrasando con aquel arrancar que había sesgado a sangre fría la vida de Nanao, y con ella, mi propia vida.

Arrasé con él, y con todo aquel que encontraba en mi camino. De nuevo todo era un remolino de sangre, de cuerpos sin vida, hasta que por fin los pocos que quedaban se marcharon.
Y sólo quedó ella, la más hermosa flor de mi jardín, mi devoción, tirada en medio de aquella inmundicia.

Sellé mi bankai y corrí a su lado. Aún estaba viva, aunque su pulso era débil e irregular.
La apoyé en mi regazo y le quité las gafas rotas, para secarle el rostro, cada vez más pálido, aunque igual de bello que siempre.

No recuerdo haberle dicho, no había nada que decir, los dos lo sabíamos, iba a morir, y las palabras no lo remediarían, así que me dediqué a recorrerle las mejillas, la frente, con mis manos, lentamente, a la vez que, igual de lenta, la mancha en su vientre crecía.

¿Cuánto tiempo pasamos así? No recuerdo. Así como las palabras, el tiempo tampoco importaba.
Y cuando ella sintió que, definitivamente, aquello terminaba, me llamó, apenas un susurro para que me acercara, y al hacerlo, depositó un beso en mis labios.
Tan simple, tan maravilloso, que aún lo recuerdo.

Y todo acabó.

“Suddenly,
I’m not half the man I used to be”

Y yo que quería acción... Cruel ironía.
Porque ahora sin ella todo me parece apagado, carente de sentido. ¿Cómo seguir, si ella no está aquí¿Cómo puedo recuperar mi vida, si mi vida estaba con ella, en esos momentos que compartíamos?

“There’s a shadow
hanging over me.
Oh! Yesterday, came suddenly”

Y desde arriba me presionan. “Selecciona un nuevo teniente”, dicen.
Pero no saben que el puesto aún está ocupado, que nunca dejará de estarlo, porque inexorablemente, ese cargo pasó a estar dentro de mí, en mi corazón. Y allí sigue estando ella.

“Why se had to go
I don’t know,
she wouldn’t say”

¿Por qué tuvo que ser ella justamente la que estuvo allí?
Pensamiento egoísta, lo sé, pero cuando toda tu mente la ocupa la imagen de lo que pudo ser, y el corazón roto te dice que nunca pasará, no cabe otra voluntad que la de la desesperación.

“I said something wrong
now I long,
for Yesterday”

Y esa desesperación te reconcome, retumba en tus entrañas haciendo eco en la razón, y te hace preguntarte si no fuiste tú, si la culpa no fue tuya por dejarla marchar, por no haber cubierto bien su espalda.
Por no haber aliviado sus últimos momentos con palabras.

“Yesterday,
love was such an easy game to play”

Y de nuevo recuerdos de lo que ya he dado en llamar “vida”.
Porque el estado en que ahora me encuentro, de amargura y confusión, no puede ser parte de ella.
Todos esos momentos en mi mente.
Los pétalos que lanzaba desde la balaustrada, y que yo, cuando sentía su roce, pensaba que ojalá ese roce fuera el de su piel contra la mía.

“Now I need a place
to hide away”

Y tantos, tantos otros momentos, que a veces trato de olvidar para no soñar demasiado, para no despertar después dándome de bruces contra una realidad totalmente diferente.

“Oh! I believe
in Yesterday”

Pero en ocasiones pienso¿qué es una realidad sin ella? Así que no olvido, y sueño.
Y cuando despierto, lo real se ve mejor, como un rayo de sol en un día nublado.
Porque aún conservo esta sensación en mis labios.

Los 10 mandamientos de la ley parejil (creados originalmente por carichan)

1.- Amarás a Shunsui y Nanao sobre todas las cosas.
2.- No tómarás el nombre de Shunsui o Nanao en vano.
3.- Santificarás las fiestas con sake y haciendo el vago.
4.- Honrarás el talento de Shunsui y la paciencia de Nanao
5.- No matarás a quien no le gusten shunsui o nanao....(solo les darás una paliza, luego de ofrecerles sake, ke hay ke ser educados)
6.- No cometerás actos impuros sin recibir un abanicazo a cambio.
7.- No robarás (excepto el sake, ke hacemos la vista gorda)
8.- No dirás falso testimonio ni mentirás sobre Shunsui o Nanao
9.- Consentirás pensamientos y deseos impuros sobre Shunsui y/o Nanao
10.- No codiciarás los bienes ajenos, excepto si el sake es bueno, en cuyo caso ¿a qué estás esperando pa mangartelo?!

Bienvenidos!

¡Bienvenidos a la Comunidad LJ del Fc Shunsui x Nanao!

Aquí podréis encontrar todos los fanfictions que los miembros del Fc van creando, para vuestro deleite ^^

Podéis encontrar el Fc original (creado en BleachSP), aquí:

http://www.bleachforos.com/fc-shunsui-x-nanao-v2--vt13676.html

Disfrutad! n_____n



Kris, fukutaicho del Fc.

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